Quiero ser parisina

Haciendo memoria, entre los post (escritos por mi) que más me han gustado hay dos o tres que destacan por encima del resto de una manera casi automática. Uno de ellos es, sin duda, el que escribí hace unos meses dedicado a esa mujer ideal y perfecta (Podéis leer, o releer, el post aquí).

De la misma manera y casi al mismo tiempo que esa parrafada delirante sobre la mujer soñada se apodera de mi mente, asocio ese boceto femenino a una mujer real con nombre y apellidos. Se trata de Clémence Poésy. Actriz francesa que encarna a la perfección el estilo chic parisino que tanto me gusta y tanto admiro. Porque es digno de admirar la facilidad que tienen las francesas para vestir bien, ¿no?. Parece que se ponen cualquier cosa encima, así sin pensarlo, como si se hubieran caído de la cama y todo les sienta como un guante. Esa manera desenfadada, con aspecto poco cuidado (en apariencia) y ese pelo de “no-me-he-peinado-en-la-vida” que sólo lo saben lucir bien ellas, las parisinas. Por eso, desde hoy, quiero ser como ellas…quiero ser parisina.

Pero volvamos al personaje en cuestión, ella, Clémence será conocida por muchos gracias a su interpretación en la cuarta temporada de la archiconocida serie americana Gossip Girl, algo de lo que creo, no siente demasiado orgullo e intenta no hablar. Sí, admito haberla descubierto ahí. Y desde el minuto uno me encantó.

También ha participado en películas como Harry Potter, más internacional, y otras de corte más independiente dando vida a la mismísima Juana de Arco, todo un reto para ella.

Desde su niñez ha vivido en un ambiente muy variado, por lo que sabe adaptarse a las circunstancias requeridas en cada momento. De padre actor y madre profesora. Creció en un barrio popular y se educó en uno de las escuelas más prestigiosas de París l’École Alsacienne. Desde pequeña supo cual era su destino: la interpretación. A pesar de ello, tampoco ha dado la espalda a la moda y ha sido imagen de firmas como G-star y muchos han llegado a afirmar que es la musa de diseñadores tan afamados como Karl Lagerfeld o Nicolas Ghesquière. A pesar de esto, ella asegura no sentirse demasiado atraída por el glamour y dice vestir “como un chico”. Sí, claro, eso dicen todas…las parisinas.

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De carácter fuerte y apariencia frágil. Celosa de su vida privada. Natural, sencilla y con las ideas claras.

Y es que en los últimos años , aunque no quiera, se ha convertido en toda una guía de estilo para las/los que, como yo, admiramos ese toque tan…especial que sólo, sólo, las parisinas saben llevar a lo más alto.

Por eso, dejémonos llevar por estas imágenes y soñemos que, en algún momento, también nosotras podemos ser parisinas. Aunque sea por un día. Para ello, hay que hacer un esfuerzo e intentar cumplir alguna (o todas, si se puede) de estas reglas básicas para las que, como la que escribe estas líneas, quieren ser parisinas. Vamos allá.

1. En primer lugar, hay que leer el libro La Parisienne, escrito por la modelo y diseñadora Inès de la Fressange . Nos puede ser de gran ayuda a la hora de conseguir ese look desparejado y chic tan francés. (Nota mental: comprar este libro).

2. Hacer como si la moda te importara más bien poco. O nada.

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3. Mezclar. La esencia de toda parisina está en saber mezclar: ropa nueva con vieja, accesorios elegantes con algo más informal… Por eso, porque a las parisinas no les importa la moda, ¿era así, no?

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4. A pesar de aparentar cierta dejadez en nuestro look, nada más lejos de la realidad. Todo está cuidadosamente estudiado.

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5. Visitar museos con cierta asiduidad. Y dejarnos empapar por ese ambiente que solo entre sus paredes se respira. Y quien dice museos dice exposiciones de artistas emergentes en pequeñas galerías de arte improvisadas. Sí, esto también.

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6. Disfrutar de una taza de café con jazz de fondo.

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7. La canción “L’heure avait sonné” de Joyce Jonathan debe estar entre las preferidas de cualquier aspirante a parisina.

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8. Usar canotier. También es válido cualquier otro tipo de sombrero.

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9. Que las librerías antiguas sean uno de tus lugares favoritos en los que perderte una mañana lluviosa de domingo.

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10. A una parisina le gustan los macarons. De Ladurée, por supuesto.

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11. Sentir debilidad por las películas de autor y los libros raros.

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12. Ir despeinada. O aparentarlo.

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13. Viajar a la capital francesa al menos una vez en la vida. Porque siempre nos quedará…París.

LCDQ

De las cosas que me gustan (y las que no) del verano

Y es que a mi el verano me gustaba. Bueno, ahora también me gusta. Aunque no como antes,  la verdad es que cuando una entra ya en la considerada “edad adulta” las cosas cambian. Y como no, los veranos también. Esos veranos jamás volverán a ser los mismos, de ahí mi desencanto paulatino con esta estación. De vacaciones todo está muy bien, muy bonito, pero cuando toca volver a la oficina y ponerse delante del ordenador 8 horas diarias lo único que piensas es que termine cuanto antes el dichoso veranito, sus canciones y los programas de gente enseñando sus rutinas estivales.

Siempre diré que el verano está sobrevalorado, mucho. Pero, como todo, tiene sus cosas, su lado bueno y su lado no tan bueno. Y me he atrevido a elaborar mi propia lista, ahí va:

Lo que sí me gusta del verano

Ver atardecer y quedarme sola en la playa. A poder ser con el pelo mojado y este fresquito que hace que se me ponga la piel de gallina.

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Terminar un libro y no dejar de pensar en el siguiente. El verano está para leer, lo que sea y donde sea. Lean.

Las sardinas. Me encantan y de un tiempo a esta parte se ha convertido en mi plato estrella del verano. Este año no habrá espetos malagueños pero si una buena sardinada nocturna en la sierra madrileña sin hora de cierre.

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El aspecto desaliñado para bajar a la playa. Bikini, camiseta y a correr.

Las largas jornadas piscineras en mi casa, o la de mis padres.

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El verano en el campo. Pura vida.

Madrid y sus terrazas. Viva.

Los moños desechos. Siempre.

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Lo que no me gusta del verano

Los bikinis con flecos. Para quien no lo sepa, se han puesto muy “de moda” entre algunas adolescentes. Y no. Por ahí no debemos pasar.

Las personas que van a la playa conjuntadísimas con looks dignos de portada de revista. Por aquí tampoco paso.

Volver a Madrid los domingos después de un fin de semana perfecto (aunque eso no me gusta ni en verano ni nunca, todo hay que decirlo)

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No me van demasiado los helados. Una reflexión a la que he llegado hace relativamente poco. No. No soy muy heladera que digamos, aunque uno de vez en cuando…

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La canción del verano. ¿Es necesaria?

Las gafas con cristal polarizado. No me gustaban el año pasado y este año siguen sin hacerlo.

Las personas que viven por y para el verano. Un consejo: hay vida más allá de agosto. Y mola.

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Y después de todo esto, pueden elegir entre lo que más les guste, y lo que no, del verano, incluso elaborar su propia lista, pero sobre todo rían, disfruten e intenten ser felices porque uno como éste es difícil que vuelva.

LCDQ