la chica del quinto

"la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante"

Porque, a veces, la rutina es necesaria

Aunque la afirmación suene aburrida, poco aventurera y nada arriesgada, a veces, la rutina es necesaria. Más que a veces, casi me atrevería a decir que siempre. No es la primera vez que escucho eso de “echo de menos la rutina”, pues claro, pienso yo. Es normal.

Es necesario seguir compartiendo los mismos momentos con las mismas personas. Al menos para mi, hay ciertos asuntos que son incuestionables. Lo quiero así, como ha sido siempre.

Es necesario tomar el café a esa hora en ese lugar, porque cuando cambiamos cualquiera de los factores el resultado nunca será el mismo.

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Es necesario salir a andar-correr o lo que narices hagamos, en el mismo momento del día. Nada será igual si lo hacemos en cualquier otro, ni la luz será la misma, ni la música que escuchemos sonará de igual manera.

Es necesario que los domingos siempre sean domingos. Que nunca dejen de serlo. Con su ambiente decadente porque el lunes ya nos mira de reojo. Sus pelis, sus mantas y sus “hoy no me quito el pijama”.

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Es necesario esa llamada que todos los años se repite en la misma fecha y casi, casi a la misma hora.

Es necesario ese ratito justo antes de cenar para hablar de nuestro día, de mañana o, simplemente, de nada.

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Es necesario seguir creando rutinas, futuras, pero rutinas. Porque aunque a veces no las apreciemos como se merecen son, y serán, pequeños momentos de felicidad escondida.

LCDQ

Éste no es un post cualquiera…Es un post sobre mi vestido de novia

He tardado, lo sé, pero ya está aquí…

No sé ni por dónde empezar, me dispongo a escribir uno de los post más importantes y especiales para mi desde que nació La Chica del Quinto. Soy consciente de ello. Sé que ha habido algunos muy emotivos y personales, pero este es diferente. En él quiero contar una de las experiencias más bonitas que he tenido la suerte de vivir: la elección de mi vestido de novia.

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Lo cierto es que desde el principio, hace ahora casi un año, tenía claro el estilo que me gustaba. Sabía cómo quería vestir ese día. Algo sencillo, sin ser clásico, sin mangas pero que no fuera “palabra de honor” (no me gusta para una novia), que tuviera un toque que lo hiciera personal y, sobre todo, especial. Un vestido que hablara de mi. Que fuera “muy yo”. Con estas notas empezaba la búsqueda del tesoro más bonita y apasionante de mi vida. Empecé mirando algunas webs,  sabía que no podía ser muy difícil encontrarlo. Pero todos me parecían iguales. Yo no quería ir de princesa, ni sentirme disfrazada. Después de visitar un par de sitios especializados en novias y no gustarme nada, un día, mi hermana me dijo mientras me enseñaba una foto: “tienes que probarte éste, si te queda bien, es el tuyo”. ¡Cómo me conoce!. Estábamos muy cerca de encontrarlo. O ya lo habíamos encontrado, pero aún no lo sabíamos. De ahí a pedir cita para verlo y, por supuesto, probármelo. Las coordenadas, las siguientes:

Día: Una mañana de sábado del mes de enero. Dirección: Argensola, 21 Madrid. Lugar: Colour Nude. Diseñadora: Carmen Osuna.

Comenzaba lo bueno. Comenzaba lo mejor.

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Cuando me planteaba cómo empezar este pequeño relato se me agolpaban las ideas, los agradecimientos, las emociones, todo lo vivido durante más de ocho meses desde el momento en el que pisé por primera vez Colour Nude. No podía imaginar que ese espacio de la calle Argensola de Madrid me fuera a hacer la persona más feliz del mundo. Nadie me avisó. Pero así fue. Y mereció la pena.

El primer día nos recibió Carmen, su sonrisa y amabilidad me contagió de entusiasmo. Sabía que me encontraba en el lugar perfecto. Empezamos a descartar algunos modelos y seleccionar otros, dos o tres. Yo le explicaba mis ideas y ella escuchaba atentamente. Qué emoción. Y, por fin, me probé el que meses después se convertiría en el vestido más importante de mi vida. Un modelo, Yaiza, de líneas sencillas, falda plisada y una espalda de lo más llamativa, al que Carmen fue dando toques de personalidad colocando un cinturón con forma de hoja y una “peina” a juego en un tono dorado envejecido. También llevaría un sencillo velo. Estaba decidido. Tenía vestido. El más bonito. Y no podía haber elegido mejor sitio. Sabía que con Carmen y su equipo nada iba a fallar.

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Y nada falló. Meses después vendrían las pruebas donde poco a poco se fue dando forma al vestido. Adaptándolo y modificándolo tantas veces como fue necesario. Y, al mismo tiempo, fui conociendo a las maravillosas personas que están detrás de Colour Nude. Su trato tan cercano y cariñoso. Sus palabras. Sus caras de felicidad cuando me veían con el vestido. Su profesionalidad. Su cercanía. Me sentía como en casa. Me hacían sentir especial y única. Cada vez que visitaba la tienda tenia la certeza de que sería un día inolvidable, y así lo era. El ambiente que allí se respira es pura magia, créanme.

Pero los meses fueron pasando y llegó el día de la última prueba, con él la recogida del vestido y su consiguiente despedida. Contuve las lágrimas como pude. No me quería ir. Me habían hecho la persona más feliz del universo y, lo más importante, habían confeccionado el vestido de novia más bonito. Mi sueño hecho realidad. Mi vestido. Con el que daría el sí quiero a la persona que me acompaña desde hace más de 11 años. Casi nada.

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Nunca olvidaré el cariño de Conso (todavía recuerdo el abrazo que me diste el último día, GRACIAS. Eres increíble), la simpatía de Patri, la dulzura de María, el saber hacer de Rosa. Y, por supuesto, la genialidad de Carmen (eres de otro planeta, de eso estoy segura), GRACIAS desde aquí por tus palabras y por el dibujo de mi vestido que ya cuelga en un lugar privilegiado de mi casa. Es complicado expresar este sentimiento. No os imagináis lo afortunada que me siento al haberos conocido.

Y no exagero, ni miento, al decir que mientras tecleo estas líneas mis ojos se llenan de lágrimas. Unas lágrimas de la felicidad más absoluta al saber que yo fui una novia Colour Nude.  Unas lágrimas al saber que todo lo vivido fue real. Que no fue un sueño. Que yo estuve allí. Unas lágrimas de emoción y satisfacción al recordar a todas las personas que me ayudaron a que ese vestido quedara perfecto el día 13 de septiembre de 2.014. Unas lágrimas de agradecimiento eterno. Unas lágrimas que salen del corazón.

Un beso…o muchos, por tantas cosas bonitas,

Bea.

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