3 días en Ámsterdam

RECOMIENDO LEER ESTA ENTRADA CON LA CANCIÓN FOR REASONS UNKNOWN DE THE KILLERS

Desde hace algún tiempo, el puente de diciembre, el de la Constitución o la Inmaculada, como queráis llamarlo, está reservado para una escapada a 4. El año pasado fuimos a Oporto, os lo conté aquí y este año el  destino elegido fue Ámsterdam.

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Tenía una cita pendiente con la ciudad holandesa desde hacía unos cuantos años, concretamente desde que hice un viaje por Bélgica y sólo nos faltó un día más para poder cruzar la frontera y hacer una visita express a la Venecia del Norte, que así la llaman también. Pero mejor me dejo de historias que no vienen a cuento y me centro en lo importante…mis tres días en Ámsterdam que también pueden ser los vuestros, tomadlos prestados y disfrutadlos como más os guste. Recomendaciones, gastronomía, curiosidades y risas, de esas siempre muchas.

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Me pidieron que hablase de amor

Siempre he leído, oído y sentido que es más fácil escribir del desamor que del amor. Escribir desde la tristeza y la melancolía del enamorado que llora desconsolado por un abrazo que no volverá. Escribir en esos momentos de soledad en los que las palabras parecen brotar como lágrimas descontroladas, como si nada – ni nadie – pudiera ya frenarlas.

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Poemas y canciones más o menos afinadas que nos acechan en cualquier rincón para eso: recordarnos el desamor, empujarnos a llorar, a recordar y a no olvidar. Así, de paso, logramos que el mundo se compadezca a nuestro alrededor, ese “ay, pobre…”. Pero, ¿qué pasa con el amor? Ah, es verdad, que la felicidad parece tener un precio mucho más caro. No vende. O menos. No gusta. Asusta. No podemos llorar. O sólo de felicidad. Fue entonces cuando me pidieron que hablase de amor…

Porque yo de lo que realmente quiero escribir es de esas mariposas en el estómago que SÍ existen, de esa risa nerviosa cuando estoy a punto de verte, de ese PARA TODA LA VIDA tan real como tú o yo, de esas manos entrelazadas que algún día, en algún lugar que aún recuerdo, se juntaron para no separarse nunca más, de ese bendito día que el destino quiso que nos encontráramos por el camino. De esos mensajes, palabras y miradas que sólo yo sé descifrar…y tú codificar. De las lágrimas de alegría. De esa alegría tonta. De esta tonta que ha decidido plantarle cara al desamor. Y llorar, esta vez sí, de la felicidad más absoluta que supone tener al lado a alguien como tú.

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Es entonces cuando me pidieron que hablase de ese “cuelga tú” al “te espero abajo, no tardes”. Del contigo al fin del mundo o al cuarto de la plancha, donde sea y como sea pero siempre contigo. De esas mejillas encendidas y ese corazón que baila su propia canción.

De esos “¡buenos días!” que son la antesala de días buenos.

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Me pidieron que hablase de amor, de ese amor incondicional, puro, que avanza lento pero firme. Que no se detiene. Del que viene con defectos de serie y desencuentros incluidos. Del amor que tiene sitios con su nombre, bandas sonoras, y olor registrado. De algo que va más allá de los besos de fábrica y los abrazos controlados, no sé si me explico. Del amor, ¡ay el amor! ese que está por encima de cualquier apariencia y fachada. Ese que se nos escapa de las manos y campa a sus anchas por corazones pasados de revoluciones. Ese sin medida. El que no conoce límite y va más allá de cualquier tipo de explicación racional. El que no se controla. El que aparece un día para instalarse en su vida sin que puedas hacer nada por evitarlo, el que llega y se queda. Ese. Justo ese. Creo que ahora me empiezas a entender.

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Hablar…escribir, del entendimiento, la comprensión, la paciencia, el control y la seguridad que sólo el tiempo se encargó de poner sobre la mesa. Todo eso es amor. De esos gustos tan nuestros. De esos tuyos tan míos. De esos míos tan tuyos. De miradas (in)discretas. De susurros a destiempo. De eso que nadie entiende. De  bailes a deshoras. De pensamientos acompasados. De rimas asonantes.

De ti.

De mi.

Me pidieron que hablase de amor y de todo eso pretendo escribir, ¿tú no?

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Somewhere only we know

Recomiendo leer este post con la canción que le da título de fondo: “Somewhere only we know” de Keane)

Era viernes por la noche y no sabíamos qué hacer. Salir a cenar o quedarnos en casa viendo alguna peli de esas de “no pensar demasiado”. Ya sabes, algo sencillito y facilón, que los viernes tampoco estamos para demasiado. La semana larga y tediosa se hacía interminable hasta hace unas horas pero, como todo, llegó el ansiado descanso del guerrero. Ese invierno melancólico y un viernes lluvioso hizo el resto: que nuestra mente volara a cientos, miles, de kilómetros de aquel cómodo sofá para llevarnos a esa ciudad de las estrellas de la que últimamente todo el mundo habla. La La Land, dicen por ahí.

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Y tanto, añado yo. Seguir leyendo