Nada Surf

Porque anoche volvimos a ser jóvenes o, mejor dicho, más jóvenes de lo que realmente somos. Volvimos a ser novios,  o #maridosmolones, como solemos decir. Volvimos a hacer lo que más nos gusta, lo que no queremos perder jamás, volvimos a disfrutar, juntos, de esa afición que nos acompaña desde hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. En  nuestras cabezas no dejó de sonar esa dichosa canción durante todo el día, ¿la tocarán? eso espero… Mientras tanto, las horas pasaban lentamente y no veíamos el momento de salir pitando de la oficina para encontrarnos de nuevo. Esta noche volvimos a ser jóvenes… Empezaba lo bueno…¡nos vamos de concierto!

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Benditos domingos

Siempre he pensado que los domingos están ahí porque los necesitamos.

Necesitamos vivir cada siete días ese sentimiento de vacío, de tristeza, esa especie de añoranza de que cualquier tiempo pasado fue mejor, esa extraña sensación de que algo termina. De la misma manera que lo hace el verano cada mes de septiembre o el año cada 31 de diciembre. Fin. Punto y aparte. Se acabó lo que se daba, bueno o malo, aquí que cada uno coja lo que crea que le corresponde. Mañana, temido lunes, habrá una nueva oportunidad de volver a arreglar el mundo, el nuestro, ponerlo boca abajo o patas arriba, subirnos a él o suplicar que pare para bajarnos en la próxima parada, así, para que el siguiente domingo volvamos a experimentar esa misma sensación de que algo vuelve a acabar. Porque cuando algo termina, lo nuevo está llamando a la puerta. Y algo parecido ocurre con esto del séptimo día de la semana.

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Con mi zumo de limón

Me vais a perdonar por la sinceridad de mis próximas palabras pero ya sabéis que, a veces, la realidad manda, se torna bastante sincera y huye de cualquier tipo de disfraz. La verdad es que, mientras pensaba en alguna idea para el próximo post del blog y después de vagabundear entre algunas cosas sin ninguna base ni fundamento, me quede vacía. Simple y llanamente: vacía. Con esto quiero decir sin ideas, que es más real y sincero, pero a la vez más feo y frustrante, ¿verdad? Pues sí, ésta era la realidad, mi realidad, no sabía ni por dónde empezar. No sabía qué podía ofrecer(os). A veces, nos ponemos un listón bastante alto porque, señores, aquí no todo vale, ni tiene su hueco.

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