Esos días

Esos  días en los que darías un portazo literalmente a la puerta de turno y saldrías caminado con paso firme y sin mirar atrás. Esos días en los que te planteas tu vida y piensas si haces lo que realmente te gusta. Esos días en los que no ves nada claro. Te asusta el futuro pero el presente no te engaña. Esos días es los que no te gusta ni tu sombra. Esos días en los que te sientes rara, alejada del mundo…como de otro planeta. Esos días en los que las personas a tu alrededor se convierten en extrañas, en desconocidos con los que no quieres ni hablar. Esos días en los que sabes que no eres tú, ni haces lo que haces tú. Esos días en los que te preguntas una y otra vez…¿yo qué hago aquí? Esos días en los que te das cuenta de que has crecido. Que los problemas de antes no son los de ahora. Problemas y preocupaciones de verdad.

Todos, en algún momento, hemos tenido uno de “esos días“, que desembocan en reflexiones nocturnas, en valoraciones inconexas y en compañías incondicionales. Pero de la misma manera que “esos días” vienen, se van. Eso de: un pie delante del otro y…¡a caminar!

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Y vuelta a empezar y esos problemas siguen ahí pero se miran con diferentes ojos, desde otra perspectiva. Y esas personas con las que antes no querías hablar, siguen ahí y resultan ser las personas mas importantes de tu vida, con las que quieres estar y con las que de verdad vas a estar. Siempre. Esa personita mayor en la que te has convertido sigue ahí y te dice una y otra vez…vamos, adelante, puedes con todo y TODO SALDRÁ BIEN. Esa especie de mantra que me repito una y mil veces para estar tranquila. A veces lo consigo, otras me quedo en el intento.

Muchos cambios.

Y resulta que durante esos oscuros días piensas en tu niñez y te das cuenta de lo inocente que se ve la vida a través de los ojos de un niño, o una niña como el caso de la que ahora escribe. Hace poco leí que ser adulto significa saber en qué momentos puedes ser un niño y en qué momentos no. Y es que yo volvería a ser un niña…

– Para disfrutar de las reuniones familiares de los domingos en casa de mis abuelos. Últimamente no dejo de pensar en esos domingos. Sin preocupaciones, sin prisas…era realmente especial. Os diré una cosa, lo que más echo de menos de esos días, además de ver a toda la familia reunida, son las migas que cocinaba mi abuelo. Las mejores. Sé que nadie volverá a hacerlas como él.

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– Para volver a esos larguísimos veranos en el pueblo. Eso sí eran veranos. Y vacaciones. Quién haya tenido una experiencia similar durante su niñez, me entenderá.

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– Para llegar a casa después del cole, merendar y hacer los deberes. Y ya.

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– Para que el médico me regale el palito de madera como premio. Para tener la colección entera de las “Dulcelinas” (¿alguien se acuerda de ellas?). Para sentir emoción cada vez que estreno pinturas nuevas. Para que no me guste comer verduras. Para que me ponga nerviosa por elegir chucherías antes del cine (es posible que ahora me siga pasando lo mismo con mis 30 recién cumplidos…). Para ir a clases de ballet.

– Para disfrazarme de princesa…

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…O de lo que sea. Porque sí.

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– Para jugar a ser mayor

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4 comentarios en “Esos días

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