¿Un café o un té?

Y es que hay preguntas que te marcan para siempre. Es como si al contestarlas te definieras, te abrieras en canal, te quitaras la máscara de golpe, de manera tal, que la persona que se encuentra frente a ti puede ver hasta tus secretos más íntimos. Preguntas, aparentemente, llenas de simpleza y cotidianidad que, sin embargo, describen (o pretenden describir) al cuestionado con una sola respuesta.

Me explico:

Ante la pregunta:  ¿Un café un o té?

Se obtiene, supongamos, la siguiente respuesta: Ehhhh, mejor un té, gracias.

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Y, de forma casi automática, tendemos a definir mentalmente al individuo en cuestión: “lleva una dieta saludable, en las que se incluye más pescado, verduras y fruta. Además, suele tener un mayor nivel educativo, no fuma, no bebe y tiene una elevada agudeza mental. También tiende a ser más activo socialmente. Mantiene el equilibrio entre cuerpo y mente. Y es muy probable que practique alguna actividad física relacionada con el yoga o tai chi”. Por ejemplo.

Dicho queda.

Así, con una sola palabra (té, en este caso) quedas etiquetada/o. Para siempre. Aunque sea mentira. Bueno, es probable que no sea tan radical (o eso espero), pero tampoco voy mal encaminada. No soy yo muy amante de las etiquetas, por lo que comprenderán que a mi esto de elegir entre el blanco o el negro no me gusta demasiado. Es decir…yo no soy ni de café ni de té y si soy de algo, seré de los dos. Porque todo tiene su momento y todo lleva su tiempo. Y si por la mañana prefiero un buen café, es posible que a media tarde me incline más por el té. Y así con todo.

No soy de vino o de cerveza. Ni de Papá Noel o de los Reyes Magos. No me pidas que prefiera el plano ante el tacón. O la carta frente al e-mail. Ni tampoco viajar en coche o en avión. Visto con faldas y con pantalones, incluso a veces con la unión de ambas a través de ese invento moderno al que llaman “falda-pantalón” (se rompieron la cabeza, por cierto). Voy a la playa y a la montaña casi con la misma asiduidad. Jamás seré de papá o de mamá. Ni de limón o de naranja.

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Ni capuletos ni montescos. Ni salado ni dulce. No. Me niego a tener que posicionarme. Tampoco me pidan que elija entre frío o calor. Ni lluvia o nieve, porque las dos me encantan. No soy de blanco  o de negro, nunca lo he sido, quien me conoce sabe que me muevo mejor en la escala de grises. Ni triste ni alegre,  hay veces que esa tristeza contenida es necesaria, de la misma forma que siempre me han dado qué pensar las personas siempre “happy”, algo esconden. Señores, hay momentos para la contención, el desasosiego y el pensamiento interno. Tómenlo como gusten.

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No quiero elegir entre alto o bajo. No soy más de novela que de poesía. Es probable que tire por la calle del medio cuando tenga que decidirme por la cena o la comida. Sí, el desayuno siempre fue una buena opción. La mejor. Y, por supuesto, nunca, nunca seré de café o de té, así que imaginen describir a esa persona que ni hace yoga, ni tai chi, ni ha seguido nunca una dieta, ni mucho menos es una enamorada de la soledad, ni loca, ni desquiciada, y mucho menos indecisa, aunque lo puedan pensar. Así es mucho mejor, con el misterio como carta de presentación. Sin marcas, ni etiquetas. Sin decisiones, sólo las justas y necesarias. Pudiendo vivir sin elegir. Ni por una ni por otra. A por todas.

LCDQ

8 comentarios en “¿Un café o un té?

  1. Karmele dijo:

    Muy buena reflexión. Las etiquetas son tan peligrosas. Por ejemplo yo hace un año que decidí dejar de comer carne, pescado o cualquier otro animal por lo que ahora también cuelga de mi cuello la etiqueta de “vegetariana”. Yo misma la utilizo para simplificar las cosas cuando voy a un restaurante o a casa de alguien. Pero a la vez siento que me encasilla en una especie de “secta” o “ley” por la que tengo que hacer las cosas de cierta manera. De hecho, ahora hay gente que me dice “pues tu no puedes comer x porque está hecho con no sé qué”. Y lo siento pero es sólo una etiqueta, en realidad puedo comer lo que quiera porque yo decido. Por suerte no tengo ninguna enfermedad que me lo impida.
    Por eso me ha gustado tu reflexión, porque yo también siento que se tiende a simplificar las cosas y a encasillar a la gente dentro de x “leyes” “grupos” “costumbres” sólo porque tomas café o té.

    Un saludo,

    Karmele xx

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  2. Ginebra dijo:

    En la facultad tenía un catedrático que nos decía en ocasiones que lo que enriquece a una persona no era el “o/u” sino el “y/e”. Buenas noches y enhorabuena por tu post! Por cierto, yo era de café hasta que me fui a vivir a Londres.

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