Microrrelato

Olivia se despierta, como todas las mañanas, entre la oscuridad más absoluta que, únicamente, hay justo antes del amanecer, la pereza y los bostezos propios de esas horas. Casi de manera autómata consigue desplazarse hasta el cuarto de baño, darse una ducha de agua bien caliente, vestirse, desayunar algo rápido y salir a la calle como otro día cualquiera. Como otro día más. Poco a poco va desperezándose y dando la bienvenida a una nueva jornada, en la que sabe minuto a minuto en qué ocupará su tiempo. Está todo planificado. Mismo entorno, misma oficina, mismas tareas, misma gente, mismos pasos que horas más tarde tocará deshacer…Eso que algunos llaman rutina, tan necesaria a veces. Pero hay algo que ella no puede controlar, que ocurre todos los días a la misma hora y en el mismo lugar, pero no, ella no puede controlarlo.

Algo que se le escapa de sus cuidadas manos. Una pequeña parcela en medio de toda esa rutina que cada día es diferente, única, especial. Es algo que ocurre todas las mañanas mientras viaja en metro. Esa extraña sensación de adentrarse en un mundo oculto, que solo encuentra dentro de su viejo y usado bolso, su preferido, hecho a mano en cuero marron. Esa joya desagastada de alguna joven y prometedora diseñadora que lo hace, si cabe, aún más bonito. Y es precisamente ahí, en ese bolso, donde Olivia se encuentra cada mañana con su pequeño paraíso, su retiro, su lugar favorito: su libro. Siempre el mismo proceso: entra en el vagón, escoge minuciosamente su asiento, abre el bolso y saca el libro, su libro, empieza su viaje en el tiempo. A volar.

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Sí, ese libro que abre cada día, siempre puntual con su cita y que le hace viajar sin moverse de ese viejo vagón. Ese trayecto en el subterráneo se ha convertido, desde hace algo más de una semana en toda una experiencia. Gracias a él Olivia ha podido conocer, de nuevo, su ciudad favorita: París. Aunque, desgraciadamente, los últimos acontecimientos se alejan de la bella ciudad que ella ha creado, sabe que París siempre será París, eso es indiscutible. Sólo a través de esas páginas amarillentas que alguien le recomendó algún día, aquella mujer solitaria se adentra en las calles parisinas, respira su ambiente, se deja embriagar del estilo tan particular que solo la capital francesa sabe transmitir, su luz, su color, su aroma, su todo…

Porque Olivia siempre ha sido muy parisina. Ella sabe que la combinación libro-París siempre se ha llevado bien, vaya si lo hace. Y no lo deja escapar. Lo pone a prueba todas la mañanas. No deja marchar esa oportunidad de volar a París cada jornada, darle los buenos días y dejarse seducir por la que es, sin lugar a dudas,  su ciudad favorita. Porque ella sabía que volvería, de un modo o de otro, siempre volverá. Cada mañana volverá. Porque de la manera más poética que existe…a Olivia siempre le quedará París.

La Chica del Quinto

PD. Sólo un minuto más y ya os dejo. El Blog La Chica del Quinto participa en los Premios 20 MINUTOS al mejor blog en la categoría personal, os agradecería vuestra opinión sobre el blog. ¡muchas gracias de antemano! Podéis comentar pinchando aquí: http://lablogoteca.20minutos.es/busqueda/premios-20blogs/lachicadelquinto/

6 comentarios en “Microrrelato

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