Sobre los aeropuertos, el tiempo que se para y los niños que viajan solos

Los aeropuertos siempre me ha parecido unos lugares muy curiosos, especiales. No sé. Puede que sea una percepción mía, pero siempre he tenido la sensación de que allí se para el tiempo o, por lo menos, todo sucede de una manera mucho más pausada. Me gusta observar a la gente mientras espero. Individuos que van y vienen cada uno con su correspondiente maleta de un lado para otro como si la vida le fuera en ello, o casi. Gente que va y que viene dentro de un mismo espacio cerrado. Ese ir y venir constante de vidas, de historias, de experiencias, de motivos por los que alejarse de aquí y todos desconocidos ante mi. Eso me resulta de lo más llamativo.

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Siempre tengo la misma sensación al entrar en algún aeropuerto. Es un lugar donde, además de congelarse el reloj, suceden historias de lo más bonitas. Es verdad que hay despedidas, muchas, pero también hay reencuentros. Hay historias para fijar en la retina, para no olvidar, esas historias que se repiten en cualquier aeropuerto del mundo. Fijaos, porque siempre coinciden.

Esas personas que esperan a que la puerta mecánica deje ver más allá. Esas personas que pasean de manera compulsiva, nerviosas, revisando el panel de información una y otra vez, una y otra vez. El reloj. Se retrasa. Acaba de aterrizar. La cinta de las maletas que se atasca. El carrito portaequipajes. El niño que escapa a abrazar a su abuelo. La pareja que se besa porque el tiempo ha querido volver a juntarlos. El que llega tarde. El despistado. La que trae flores para recibir a su amiga. El que se pierde entre ese universo de escaleras mecánicas. La que compra revistas para entretenerse durante el viaje. La que revisa la tarjeta de embarque. El equipaje de mano. Las maletas de colores.

Adivinar el destino de cada persona con solo un vistazo a su atuendo. Las parejas de luna de miel, esas son muy reconocibles a primera vista. Yo fui una de ellas con mi alianza reluciente y esa resaca dulce tras apenas 48 horas del gran día. Las carreras cuando cambian la puerta de embarque. Los repasos mentales de la hora que será cuando aterricemos, 5 horas menos, no, no, eran 6. Bueno pues será como si cenamos a las 4 de la tarde para llegar como si fuera media tarde. Que jaleo. Pero bendito jaleo. ¿Venía tu padre a buscarnos o cogemos un taxi?Los nervios al llegar por si nos habrán perdido la maleta en el vuelo de conexión. Los niños que viajan solos con su documentación dentro de una especie de carpeta de plástico colgada del cuello y siempre acompañados por una azafata sonriente. Saca el pasaporte. Mete el pasaporte. Control. Fuera anillos, cinturones, calzado y hasta pendientes. ¡Mierda! Ha vuelto a pitar. Alguien que se acerca y amablemente te pasa un aparatito alrededor del cuerpo. Tú respiras lentamente, como si contigo no fuera la cosa. Puedes pasar. Vuelves a respirar, pero esta vez de una forma normal. Esto es curioso, siempre nos ponemos nerviosos ante el arco de control, ¿por qué? No sé. Situaciones ridículas con calcetines de ositos. Personas con portátil, Ipad, iPod, iPhone, toda clase de instrumentos electrónicos que se mantienen muy ocupados mientas viajan. De vez en cuando echan una ojeada a su alrededor para pronto volver a su ajetreada tarea.

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Que deberíamos haber facturado. Que estos espacios son muy pequeños. Que me ha tocado ventanilla. Espera que viene alguien. La azafata que revisa que todo el mundo tenga puesto el cinturón de seguridad. La mamá que viaja sola con su bebé. Benditas mamás viajeras. Salidas de emergencia. Aquí y dos más a la derecha. Chaleco salvavidas debajo de su asiento. Un piloto que emite sonidos apenas descifrables. Creo que nos da la bienvenida, dicen por ahí. Listos para el vuelo. Disfruten del trayecto. Se vuelve a parar el tiempo. Despegamos.

Que tengan un bonito día, aquí, en las alturas o donde sea.

LCDQ

14 comentarios en “Sobre los aeropuertos, el tiempo que se para y los niños que viajan solos

  1. La cesta de mi bici dijo:

    Genial Bea!!! Y además me he visto reflejada en más de una situación. Que recuerdos de nuestra aventura en Inglaterra, cuando no estaba instalada del todo allí, y mi vida eran los aeropuertos de ida y vuelta, de despedidas entre lagrimones y reencuentros con abrazos de koala… Los aeropuertos esconden mil historias… Un besazo!

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  2. pacoheru dijo:

    Perfecta descripción, tan solo echoi en falta el momento de recoger maletas y la tuya que no aparece………………….. que desasosiego e impotencia.
    Besos

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  3. tuamadridyyoabarcelona dijo:

    Que buena descripción de un aeropuerto nos acabas de regalar!
    En cuanto a lo del piloto emitiendo sonidos indescifrables, yo machaco mucho a Jorge con que no se pegue el micrófono demasiado y hable sin demasiados golpes de voz! En casa practicamos el speech en inglés y hasta tiene una chuleta con las sílabas que van acentuadas y alargadas para que también le entiendan bien los extranjeros jejeje

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