Recuerdo París

Recuerdo llegar a París y que la lluvia nos diera la bienvenida desde el mismo momento en que descendíamos por las escaleras del avión. Esa lluvia que hace, si cabe, más bonita a la ciudad. Ya lo dicen en Midnight in Paris, y sí, lo cierto es que Paris bajo la lluvia se crece, aumenta su romanticismo, su ambiente bohemio, relajado, su encanto parece desplegar toda su artillería mientras nos empeñamos en resguardarnos bajo nuestros paraguas.

Recuerdo perderme por sus calles, literalmente, para acabar en el mismo sitio donde empezó todo. Recuerdo la Sorbonne, mucho. Las creperies, con sus especialidades en versión dulce y salada. Recuerdo no saber qué elegir entre tanta cosa rica. Recuerdo, o mejor dicho, no recuerdo haber hecho demasiadas fotos. Alguien me dijo que eso es motivo de que lo estás pasando realmente bien. Qué cierto aquello. Lo pasamos bien, muy bien.  Recuerdo celebrar nuestra cena de aniversario en un pequeño y encantador restaurante en mitad del barrio latino, sintiendo el corazón de París junto a nosotros. Recuerdo la deliciosa fondue de queso, los escargots y su variedad de quesos. Para volverse loco. Recuerdo la copa de Chardonnay. Recuerdo todos y cada uno de los brindis. Por nosotros. Por ti. Por mi. Por París.

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Recuerdo los desayunos con una luz muy tenue que hacia especial el ambiente. Recuerdo el café caliente y las tostadas de pan de centeno. También recuerdo los paseos por la rive gauche ajenos a todo, pendientes de nada. Recuerdo esperar casi una hora para entrar en el Louvre, había que hacerlo. Recuerdo como si fuera hoy el primer paseo por los jardines de las Tullerías, el Grand Palais, la place Vendome, la rue de Cambon, la place de la Concorde, el Palacio de los Invalidos, los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo y de ahí a la Torre Eiffel, Trocadero, Montmartre y Le Marais. Recuerdo nuestro banco. El tiovivo. Su gente. Recuerdo chicas con sus Stan Smith impolutas dejando entrever sus tobillos, vaqueros ajustados y una blazer oscura mientras recorrían alegremente los callejones del metro de la ciudad. Ese allure innato en ellas. Ese je ne sais quoi tan propio de las parisinas. Sí, es eso. Lo recuerdo perfectamente.

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Recuerdo la visita a la archiconocida Merci con su mítico 600 rojo en la puerta. Lo recuerdo con sentimiento de decepción si soy sincera. Sí. No es para tanto. La entrada es espectacular, el interior es otro cantar. Recuerdo Ladurée y sus coloridos macarons. Riquísimos todos. Recuerdo caminar hasta no poder más. Pero ¡bendito cansancio! Recuerdo las terrazas con sus sillas perfectamente alineadas y dispuestas para que sus dueños momentáneos vean y sean vistos, todo en uno.

Recuerdo quedar con viejos amigos, de esos de los de toda la vida y para toda la vida por muchos kilómetros que nos separen, en el puente de Saint Michel. Eso sí que es un planazo. Recuerdo el abrazo que nos dimos, las risas, las anécdotas del pasado, las recomendaciones, lo que sí y lo que no, lo que haremos la próxima vez que nos veamos, aquí, en Sevilla o en Gijón, eso es lo de menos. Recuerdo también la cuenta de la cena escrita en el mismo mantel, la cola que tuvimos que esperar para entrar al Chartier, nuestro simpático camarero, el postre que nunca llegó…recuerdo memorias de por vida. Esos momentos son eternos, ¿verdad?

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Recuerdo entrar en una librería y quedarme sin habla, sobrecogida. Shakespeare and Company, la encontramos de repente sin buscarla, como todas las cosas bonitas de la vida. Ahí estaba, esperándonos. Uno de sus empleados con una taza de té charlando alegremente con un cliente apuntaba a que el lugar prometía, que no nos habíamos equivocado. Es posible que esta librería especializada en literatura anglosajona no se encuentre entre los sitios de referencia entre algunos turistas pero, he de decir que para mi fue toda una experiencia sumergirme entre sus estanterías repletas de libros, su olor a historia, el sonido de su piano en la planta de arriba, nuestras miradas que lo decían todo. Cómo para no recordarlo.

Recuerdo los rayos de sol que se abrían paso entre las nubes mientras nosotros seguíamos sumergidos en el ambiente parisino. Recuerdo que una parte de nosotros se quedó allí, para siempre. Recuerdo eso y mucho más.

París, querida, recuerdo que hace apenas unos días te paseaba mientras ahora me conformo con recordarte. Volveré a verte, tenemos una cita pendiente. Bien lo sabes.

No cambies nunca,

LCDQ

Pd. Mi amor por todo lo parisino viene de lejos, podéis releer un antiguo post pinchando aquí.

18 comentarios en “Recuerdo París

  1. mireya189 dijo:

    Magnifico el recorrido por Paris de esta entrada. Una ciudad que nunca deja de sorprender, porque “Paris, je t’aime” le viene al pelo.

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  2. La cesta de mi bici dijo:

    Que bonito Bea!! Cómo me alegro que disfrutarais del viaje. Como bien dices, París tiene un “je ne sais quoi”, que la hace ser una ciudad única. Por un ratito me has hecho viajar en ella, y darme cuenta que tengo una cita pendiente con ella. Un beso

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