Benditos domingos

Siempre he pensado que los domingos están ahí porque los necesitamos.

Necesitamos vivir cada siete días ese sentimiento de vacío, de tristeza, esa especie de añoranza de que cualquier tiempo pasado fue mejor, esa extraña sensación de que algo termina. De la misma manera que lo hace el verano cada mes de septiembre o el año cada 31 de diciembre. Fin. Punto y aparte. Se acabó lo que se daba, bueno o malo, aquí que cada uno coja lo que crea que le corresponde. Mañana, temido lunes, habrá una nueva oportunidad de volver a arreglar el mundo, el nuestro, ponerlo boca abajo o patas arriba, subirnos a él o suplicar que pare para bajarnos en la próxima parada, así, para que el siguiente domingo volvamos a experimentar esa misma sensación de que algo vuelve a acabar. Porque cuando algo termina, lo nuevo está llamando a la puerta. Y algo parecido ocurre con esto del séptimo día de la semana.

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Necesitamos los domingos para vagabundear en pijama, para alargar las duchas y recalentar las desayunos. Un domingo te pide paseos tranquilos, lecturas entrecortadas y sobremesas eternas. Tú pídele lo que quieras al domingo, él puede concedértelo, pero deja que a la siesta invite yo. Ya ves, sin los domingos no podrían existir los lunes, ni nuestro jurado odio eterno a ellos. Porque siempre hay un motivo para esperar que llegue el ansiado descanso y, al mismo tiempo, desear que el tiempo se detenga, que no avance, que no acabe nunca. El domingo era eso.

Un domingo perfecto debe ser melancólico, lento, así como tristón. Algo lánguido. De ropa cómoda y pelo mojado. De zapatillas viejas y camisas blancas entreabiertas, dejando ver…lo justo. Domingos de cafés cargados con donuts de chocolate. Las dietas no se hicieron para empezarlas un domingo, amigos.

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Necesitamos, al menos, un domingo a la semana para volvernos más quejicosos que nunca, para refunfuñar sobre el mal que nos produce que en unas horas el temido lunes llame a la puerta. Para arrepentirnos de lo poco que hemos aprovechado el fin de semana, para lloriquear por lo cansados que estamos, para no hacer nada, o hacerlo todo de golpe. Para nadar en el aburrimiento y bucear en el hastío. El domingo es el día para escuchar música en tocadiscos, con ese sonido tan característico y que tanto me gusta. Para cocinar despacio, con tiempo, porque los domingos no se inventaron para las prisas. Para escribir frases sueltas, sin sentido, ideas demasiado complicadas de entender, es posible que también de explicar.

Un domingo existe porque hay que invitar a café en casa, con sus pasteles y bizcochos de rigor, con su trivial de por medio y, si el tiempo acompaña, un paseo por el barrio para finiquitar la sesión. Así de una tacada, como debe ser. Un domingo está para que después de un simple café cambie tu percepción de la jornada. Para empezar a planear el siguiente, para dejarse llevar y prometerse una y otra vez que el siguiente sabrás cómo aprovecharlo de otra manera, aunque sabes de antemano que nada cambiará, porque los domingos los necesitamos así, sin demasiados cambios ni sobresaltos…que para eso están.

Feliz viernes. Feliz fin de semana. Pero, sobre todo, feliz domingo. Ya queda menos.

CdQ

Imágenes: Pinterest

17 comentarios en “Benditos domingos

  1. nosceteipsum2016blog dijo:

    ¡Pues claro! Se te concede que a la siesta invites tú. Yo me encargaré —ya llevo un tiempo enajenado en ello— de buscar la manera de parar el tiempo en un domingo y que de ese modo me sea ya imposible odiar nunca más a ningún lunes. La verdad es que podría prescindir encantado de ese presunto placer de odiar el lunes. Sin embargo, aunque llevo tiempo invertido en ello, no encuentro la manera. A lo mejor es que es imposible… ¡Pero también en su momento el invento de la TV parecía imposible!

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  2. La cesta de mi bici dijo:

    Los domingos, tan odiados o tan deseados! he pasado por todas las fases, desde no poderlos aguantar hasta el día de hoy, que conforme ha ido pasando el tiempo, y supongo que he ido madurando, he aprendido a apreciarlos y a disfrutarlos como se merecen. Sin remordimientos por no hacer nada, o por no parar. Haciendo cada uno diferente con pequeños detalles. Un beso Bea, espero que disfrutaras de este domingo.

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