Las noches de las perseidas

Casi casi estamos llegando al límite de lo oficialmente considerado como vacaciones (de verano). Toca la vuelta, el regreso o el retorno del viajero. Con su morriña y sus recuerdos, con sus apuntes y su buen puñado de fotografías en la mochila mejor o peor enfocadas como la única reminiscencia de algún tiempo en el que todo, o casi todo, estuvo mucho mejor.

Hacer balance. Repaso mental. Viaje astral. Volver a empezar. Otra vez.

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Para algunos, el verdadero verano se cuenta por el número de fiestas, festivales, ligues, copas y brindis al sol que han tenido. Otros optan por coleccionar kilómetros como si fueran a acabar con ellos de la noche a la mañana. Hay quienes un día de sol abrasador se tumbaron en la hamaca y ya nadie pudo sacarlos de ahí. También están los que comparan y compiten con su moreno, su piel de cangrejo o sus marcas de bañador y las lucen orgullosos como verdaderas heridas de guerra.

Presumiendo de  piel tostada con alegría y sin disimulo por una ciudad que empieza a despertarse del letargo veraniego.

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Más coches. Más ruido. Más jaleo. Todos están de vuelta y quieren hacerse notar.

Pero hay otros, los veraneantes más silenciosos y cohibidos, que narran, sienten y viven el verano de una forma mucho más sencilla pero, también, mucho más especial.  Los que saben de verdad disfrutar de los pequeños momentos de felicidad sin estridencias, los que viven de forma distinta una de las noches más mágicas del verano: las noches de las perseidas.

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Y aquí me detengo. Según la Wikipedia (tampoco pensarás que me he ido muy lejos a documentarme) las perseidas, popularmente conocidas como las lágrimas de San Lorenzo, son una lluvia de meteoros de actividad alta.

Una auténtica lluvia de estrellas fugaces durante algunas noches de agosto.

Si te paras un segundo a leer de nuevo ésta última frase, despacito y sin prisa, encontraras poesía dentro de ella. Yo, al menos, no puedo entenderlo de otra forma: lluvia, estrellas, noches y agosto.

¿Necesitas más pistas? Pues ahí van unas cuantas:

Un jardín, el sitio de mi recreo, a oscuras.

El silencio de la noche, ese detalle que sólo puede dar la bienvenida a eso… a la magia.

Unas hamacas que rodean la piscina.

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Personas que no dejan de sumar, siempre hay que quedarse con ellas…

Una manta, que en las noches de verano de algunos lugares refresca por las noches.

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Risas nerviosas. Miradas atentas, ojos que no parpadean.

El pijama y las chancletas conforman el dress code de la noche, que así es infinitamente mejor

Espera, espera, espera…

Ahí está la primera, no se detiene, has de estar muy pendiente…no dejes de mirar, no apartes tus ojos del magnético cielo…Grita que la has visto…Que nadie te crea (sólo tú sabes que así ha sido) Vuelve a reír de forma casi compulsiva…Ya has visto una.

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Lo ves…las perseidas existen.

Ya te lo dije, que yo era más sencilla de lo que creías y que me emociono con las cosas pequeñas que en el fondo son inmensamente grandes. Que a pesar de ser más diurna que nocturna, si me regalas estas noches me quedo con ellas y no las suelto.

Ahora pide un deseo, que esos también existen en las noches de verano.

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Sobre todo en esas noches de verano… en las noches de las perseidas.

¿Alguien da más?

CdQ

Si fueras capaz de convencerme de que puedes durar una noche más,
Te esperaría toda la eternidad.
Pereza, luz que das, se consume sólo con pestañear.
Iré a bailar.
Aun no sé por qué me sigues, tan perfecta.
Te seguiré, tan rápidamente.
Que dices que no duelen tus vértices,
Ya no sé por dónde viniste, que hoy me sigues, te seguiré.
Efímera y frágil viniste a tragarme tus vértices.
Sígueme, perseide, sígueme, perseide, sígueme si, sígueme

(Perseide – Carlos Sadness)

p.d. Si te apetece seguir leyendo, te recomiendo estos posts relacionados Sobre el derecho a no hacer nada y De vuelta de todo.

9 comentarios en “Las noches de las perseidas

  1. La cesta de mi Bici dijo:

    Que preciosidad Bea!!! Me has traído además un recuerdo muy especial para mí. Esas noches, de pequeña en la casa de mis abuelos, donde pasaba todos los veranos. Los tres juntos tumbados en hamacas en el jardín, y con el olor a hierba húmeda, mirando el infinito del cielo. Mi abuelo contando historias para que no me quedase dormida y esperando ver alguna perdida. Gracias por traerme un recuerdo tan bonito. Un besazo guapa.

    Me gusta

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