48 horas en Oporto

Hace algunas semanas, meses más bien, alguien me dijo que había estado buscando mi post sobre Oporto y no lo había encontrado…Evidentemente era una tarea más que complicada ya que ¡no había escrito nada sobre esa ciudad! A veces me despisto con los viajes y dejo mis recomendaciones para otro momento hasta tal punto que llego a olvidarlas…Sé que tengo que ponerme las pilas con este tema ya, pero, de momento, dejadme ir pasito a pasito y empezar con esa pequeña ciudad del norte de Portugal.

Oporto.

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Si no recuerdo mal fue una escapada organizada en muy poco tiempo, casi sin pensarlo demasiado. Nos habían fallado otros destinos y Oporto se presentaba a tiro. ¿Qué tenemos? 1 coche, 4 personas, 6 horas de carretera por delante, 48 horas de estancia en la ciudad y muchas, pero muchas ganas de pasarlo bien.

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Os dejo mis recomendaciones/descubrimientos:

Para comer, os diré que las zonas más animadas -también las más turísticas- y llenas de restaurantes son la Ribeira, a un lado  del Duero y Vila Nova de Gaia, al otro. La primera está llena de sitios apetecibles -y abarrotados-. Nosotros cenamos un día en Chez Lapin pulpo asado, su plato estrella, y bacalao con broa, una especialidad portuguesa de bacalao al horno cubierto de pan de maíz, buenísimos.

Para el típico tapeo y tomar vinitos es mejor cruzar al otro lado del río, Vila Nova de Gaia, ya que es ahí donde se encuentran la mayoría de las bodegas del conocido vino de Oporto. Al menos hay que visitar una.

Los buñuelos de bacalao están riquísimos en casi cualquier sitio. También hay que probarlos.

Otra típica comida portuense es la francesinha, una especie de sandwich con jamón, filete de ternera, mortadela, queso y salchicha, todo ello cubierto de una salsa picante. Vamos, una bomba calórica. Veréis mil sitios donde sirven este particular bocadillo por toda la ciudad. No me gustó demasiado pero ya se sabe: “donde fueres haz lo que vieres”.

Reservar un hueco para el postre o el café en Café Majestic es una obligación. Una llamativa cafetería de los años 20 perfectamente conservada a la que no le falta detalle para que te sientas en la belle epoque. Pedimos café y algunos dulces para compartir, muy rico todo. También se puede comer o cenar pero eso ya lo dejo a vuestra elección.

Un dato a tener en cuenta: en Oporto, en particular, y en Portugal, en general, suelen cocinar con mucho aceite cada plato, es algo que me llama mucho la atención cada vez que visito el país vecino. Otro detalle característico es que tardan bastante en atender (a lo mejor sólo nos pasó a nosotros, pero era llamativo). Por último, ojo con los aperitivos que ponen sobre la mesa sin que los pidas: si los comes deben pagarse después.

Compras: ya os hablé sobre la maravilla de A vida portuguesa aquí, pero resulta que en Oporto hay otra mucho más grande si cabe, un espacio de marcas 100% portuguesas elegidas de forma muy cuidada y productos con historia que han ido pasando de generación en generación. Para los más golosos, la chocolatería Equador en pleno centro de la ciudad (Rua das Flores) ofrece una amplia variedad de chocolates mezclados con mil sabores inimaginables y envueltos en un papel que da hasta pena abrirlo de lo bonito que es.

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Además, por cualquier calle de Oporto encontrareis colmados o tiendas de ultramarinos con mucho encanto donde comprar el perfecto regalo para llevar de vuelta: vinos, conservas o productos nacionales.

Si la lectura es la vuestro no podéis dejar de visitar la famosa Librería Lello, la que dicen que inspiró a J.K. Rowling para escribir la famosa saga Harry Potter y calificada por muchos como una de las librerías más bonitas del mundo. La verdad es que no les falta razón, es espectacular, con toques modernistas en la fachada y una verdadera obra de arte de ebanistería en el interior con su espectacular escalera dando la bienvenida al ansiado buscador de libros. Algo a tener en cuenta es que cobran 3 euros la entrada que serán descontados del precio del libro si decides llevarte alguno.

Si buscas alojamiento, en la Rua das Flores, una preciosa y céntrica calle peatonal llena de chocolaterías y tiendecitas especiales, encontrarás, además, un par de hoteles con mucho encanto: uno es el Hotel Flores Village y el otro, el Porto A.S. 1829. Ya me diréis.

No os podéis marchar de la ciudad del Duero sin visitar la torre de los Clérigos, la estación de Sao Bento, el mercado de Bolhao, en el que retrocederás años de historia, la catedral de la Sé o la Plaza de la Liberad, así como cruzar el Puente de Luis I tantas veces como queráis (o vuestras piernas aguanten).

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Y es que Oporto es todo esto y mucho más. Oporto son fachadas vestidas con azulejos que te transportan a otra época, edificios abandonados, cuestas, ropa tendida en las calles más céntricas. Más cuestas. Oporto son terrazas en cualquier esquina donde parar a tomar una copa de vino de Oporto…o lo que sea. Oporto es un ir y venir constante de personas. Subiendo y bajando por sus empedradas callejuelas. Buscando la fotografía perfecta para llevarse a casa. Oporto es sol reflejado en el agua del Duero. Oporto es fado y saudade. Oporto es tristeza decadente. Bullicio inesperado. Ecos de sonrisas. Música callejera. Oporto es vino verde. Oporto eres tú, fuimos nosotros durante esas 48 horas que son ahora recuerdos del pasado. Recuerdos para no olvidar. Recuerdos para llevar.

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Recuerdos…al fin y al cabo.

CdQ

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6 comentarios en “48 horas en Oporto

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