Época de espárragos

Ya no sé si han sido los últimos acontecimientos – públicos y privados – , o esta cabeza mía que muchas veces, o más bien siempre , es lo más parecido a una olla a presión, pero lo cierto es que hoy más que nunca tengo la certeza o convicción de que es en las pequeñas cosas donde encontramos la felicidad más absoluta. No sé si me explico, es posible que lo haya hecho muchas veces pero no me cansaré de decirlo: disfrutemos de los pequeños momentos, siempre.

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En serio, no es nada del otro mundo y nos ofrece todo. Y en este asunto el paso de los años y el aprendizaje que conlleva, hace mucho; ahora disfruto con cosas insignificantes que antes jamás hubiera imaginado y me encanta compartirlo.

Días de relajación, de olvido, de silencio, de risas, de lectura, de paseos, de olores, de sabores, de descanso, de estudiar las estrellas y ver amanecer se convierte en el mejor de los planes habidos y por haber. Ahora lo valoro mucho más, lo vivo mucho más. Todo es mucho más.

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Caminar por senderos por los que nadie había pisado, hacer yoga en el jardín, jugar a las trincheras, imaginar guerras absurdas, cruzar frentes de agua y contar historias en la casa de la alameda.

Vida.

Encinas imponentes, pinares cerrados, tulipanes que despiertan, ventanas con vistas, avistamiento de corzos, salto de valla, hierba recién cortada y refresco a media tarde. Cara lavada, pelo enredado y camisetas antiguas. Torrijas deconstruidas con helado de regalo, una terraza improvisada y siestas que se alargan. Partidas de lo que sea, confío en tu victoria, aunque bien sabes que si no saco cinco abandono. Risas tontas, reenganches infinitos, planes futuros y empanadas mentales.

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Barbacoas hechas con mimo y corazón, grabadas a fuego, un cielo difícil de explicar con simples palabras, el verde más puro acariciando nuestros pies. Recuperaciones post-operación que van lentas, pero van. Botellas descorchadas, latas vacías, platos a medio terminar, jarritas heladas, aire que quema y sol que broncea.

Dormir y vuelta a empezar. Momentos de esos que te llegan al alma, que te llenan por dentro, que te dan la vida misma y te devuelven a lo que verdaderamente importa. Sin adornos ni artificios, lo auténtico en estado puro.

Magia.

Una magia que rara vez se aprecia, pero que cuando llega, ¡ay cuándo llega amigos! Es como la época de espárragos que, aunque podemos disfrutarlos durante todo el año es ahora, justo en primavera, cuando el placer de cortarlos y degustarlos se hace presente y evidente. Son sólo unos días al año, en los que se está o no se está pero que, si tienes la suerte de vivirlos y saber apreciarlos, sólo puede provocar un único estado…

Y a esto, ¿que cómo lo llamo? Yo lo tengo claro: felicidad.

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6 comentarios en “Época de espárragos

  1. Miss Poessía dijo:

    Precioso post, Bea, qué bonita metáfora esa de comparar la felicidad con la época de espárragos. Y es que al fin y al cabo es así, la felicidad no deja de ser una época, algo que no es constante y que por eso apreciamos tanto cuando viene.
    Me encanta leerte, en serio, es un auténtico placer y voy a seguir haciendo el viaje (con tu permiso) hasta ponerme al día 😉

    Le gusta a 1 persona

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