Estoy fuera de juego

Hay que ver cómo cambian las cosas en cuestión de no demasiado tiempo. El otro día leía un artículo sobre la generación X, Y y, por último, la Z. Y os diré algo, a mi esto me lo cuentan hace un par de años y me hubiera sonado a chino, a algo relacionado con las matemáticas, coordenadas, cromosomas o, como mucho, al título de uno de los discos de la banda Coldplay, quitándole la z.

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Avancé en mi lectura con el fin de entender que estas letras servían para algo más, nada más y nada menos que definir a diferentes generaciones. Para poneros en antecedentes, la generación X  se usa normalmente para referirse a las personas nacidas tras el baby boom, es decir, las nacidas desde los años 60 hasta los 80, aproximadamente. Se dice de ellos que son comprometidos con el mundo, responsables y padres de la tecnología. Luego está la generación Y que comprende los nacidos entre 1981 y el 2000. Personas que se adaptan fácil y rápido a los cambios, pues pasaron de usar el Beta, al VHS, al DVD, al Blu-Ray y todo lo que venga detrás. Usaron desde el teléfono fijo hasta llegar actualmente a los llamados smartphones. Todos estos cambios en menos de 20 años en los que aprendieron – o aprendimos – a usar absolutamente todo.

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Y ya, por último, los pertenecientes a la generación Z, nacidos a partir del año 2000. Para que nos entendamos, la generación compuesta por todos los adolescentes actuales, adaptada a la tecnología desde el primer momento y, lo que más me preocupa, su dependencia de ella.

Pues bien, todo esto viene por un motivo. Hace unas semanas en una playa de nuestro país, me sorprendió ver a un grupo de chavales (chicos y chicas no quiero hacer distinción de sexo) de unos 16 o 17 años pasando la tarde entera – esto es en sentido literal, no exagero ni un poquito – tomándose fotografías mutuamente con el fin de obtener la puesta de sol más llamativa. Les miraba y me sorprendía encontrarles ahí, sin “disfrutar”, tal y como entiendo yo el significado de esta palabra, de aquella maravillosa tarde de sol y playa. Repetían hasta el aburrimiento aquella misma pose, como mirando al horizonte, como que pasaban por allí, como que aquello no iba con ellos…cuando la realidad era lo más lejano a eso que aparentemente querían proyectar.

“Así, espera…a ver…no, no, repítela” “…Un momento, ¡ya! ¡sí sí ahora!”; “!¿Qué tal ha salido? Déjame verla” –  Ésta era toda la conversación que tenían.

Era llamativo verles y pensar…”y así con todo”. Les imaginaba en una heladería, restaurante, bar o terraza jugando a ser trileros con sus platos y bebidas coloridas para obtener la imagen perfecta en plano cenital.

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Y es que no sé hasta qué punto esto puede ser considerado normal. No sé hasta qué punto puedo llegar a entenderlo. No sé…pero creo que estoy fuera de juego. Completamente. Y tampoco me importa demasiado porque…

Porque no quiero depender de una foto. Me explico, no quiero quedar con mis amigos y tener que estar pendiente de la fotito en grupo de rigor para demostrar que sí, que me lo estoy pasando muy bien y que mis amigos molan. No quiero, porque mis amigos molan y han molado toda la vida y una simple foto con cuatro filtros y dos ajustes no refleja todo lo que pueden llegar a molar. Además quedamos para ponernos al día y reírnos mucho, por eso las fotos sobran.

Porque no soy una adicta a la pantalla. Hay cosas que inevitablemente nos hacen estar pegados a una pantalla cada día, a veces más tiempo del que de verdad nos gustaría (trabajo, universidad, etc.). Pero hay otras que, si las podemos evitar, nuestro cuerpo y, lo que es más importante, nuestro alma nos lo agradecerá eternamente. Por las noches, por ejemplo, antes de dormir en lugar de estar pegada a instagram como si me fuera la vida en ello, prefiero coger un buen libro (de los de papel, por supuesto) y sumergirme en universos paralelos. Mi cita mensual con el kiosko para comprar mis publicaciones favoritas es otro pequeño, gran, placer al que no quiero renunciar.

Porque no busco la validación y aceptación social a golpe de click. Creo que no hace falta explicar demasiado.

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…Porque quiero ser diferente. Es cierto que las modas y tendencias nos llegan a todos en mayor o menor medida. Aunque queramos resistirnos al final acabamos cayendo en la tentación de “eso que se lleva” más tarde que temprano. Pero también es cierto que me encanta ver por la calle a personas con una imagen propia, cuidada y sabiendo lo que más les favorece, esas personas que no imitan un código de vestimenta establecido sino que más bien, lo crean.

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De todos modos no he llegado hasta aquí a hacer una crítica a esta generación recién horneada, los Z. No porque, fundamentalmente, la Generación Z es el futuro, nuestro futuro. Y porque, a fin de cuentas nosotros también debemos ser capaces de adaptarnos a los nuevos tiempos, de aprender de ellos, y crecer con ellos, aunque a veces nos cueste más de lo que creíamos. 

Porque al final te das cuenta de que sea cual sea su nombre o letra, la naturaleza, las normas sociales, la cultura y la propia condición humana cambian – cada vez a un ritmo más vertiginoso, por cierto –  y así será siempre. Por eso debemos prestar atención a lo que esté por venir, saber qué es lo mejor que podemos sacar de ellos, aprender, también enseñarles y, de esta forma tan simple, evolucionar.

Así que toca ponernos las pilas con los siguientes (sí, amigos, los Z están siendo reemplazados), los llaman la Generación Alfa (nacidos a partir de 2015).

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Ya están aquí.

¿Asustado? Yo un poco.

 

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15 comentarios en “Estoy fuera de juego

  1. Miss Poessía dijo:

    ¡Hola, Bea!

    Un placer estar por aquí de nuevo, me ha encantado el post. La verdad es que no sabía que existen todas esas iniciales para nombrar a las generaciones, ha sido un descubrimiento. Coincido con lo que has escrito, yo también estoy fuera de juego. Ya se ha convertido en algo habitual salir a pasear o a tomar algo con amigos y ver a un montón de chavales sacando decenas de fotos. A ver cuál es la mejor que sale, a ver cuál quedaría bien en mi feed de Instagram, a ver cuál me hace parecer más cool… Tampoco extraña ver a un grupo de jóvenes sentados, todos concentrados en su pantalla, sin mirarse a los ojos ni hablarse. Que yo pienso, ¿si vas a quedar para mirar el móvil todo el rato, no podrías haberlo hecho desde tu casa? En fin, supongo que hay que irse adaptando a estos cambios poco a poco…

    Yo, igual que tú, también quiero ser diferente. Quiero disfrutar leyendo un libro en papel sin más distracciones que el sonido de la naturaleza, dejar el móvil en casa y salir a pasear, seguir disfrutando de los pequeños placeres como comprar el Jot Down y sentarse al sol a leerlo.

    Gracias por hacerme disfrutar siempre con tus palabras, de verdad.

    ¡Un gran abrazo, sé feliz! ❤

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  2. Entre suspiros y un café dijo:

    Yo también me declaro fan de la gente que crea su propia moda y tiene estilo y personalidad propios. Y me encanta tu rutina de acudir al quiosco para descubrir tu nueva lectura cada mes… ¡me recuerda a mi infancia! A cuando las compras no se hacían por clic y te podías pasar la tarde en una librería mirando libros, leyendo contraportadas y ampliando tu lista de futuras lecturas.

    Y no, yo tampoco me cambio por las “improvisadas” fotos de paisajes y por quienes comparten y fotografían cada segundo de su vida. Cada uno toma sus decisiones…

    Un beso enorme Bea, una entrada genial y con toda tu personalidad y estilo 😉

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  3. thereddoor dijo:

    Es genial, Bea, ¡me ha encantado! Como la vida misma 😉 Evolucionamos tan rápido… que supongo que toca adaptarse a todo este cambio intentando no perder el norte ni las bases de lo que nos trajo hasta aquí. ¡Ojalá!
    Un besito😘

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  4. La cesta de mi Bici dijo:

    No puedo estar más de ac contigo Bea!! La verdad que asusta un poco… A veces, me sorprendo a mi misma, cuando me sorprendo (valga la redundancia), cuando veo a cuadrillas jugando a juegos tradicionales, al pilla, pilla, o saltando con la bici. Porque lo más habitual es verlos sentados y hablando entre ellos con el móvil. Sin duda, la tecnología está en nuestras vidas y tenemos que aprender a convivir con ella, pero no ser dependientes de ella. Creo que es sano tener momentos en el día de vivir en un mundo analógico (leer en papel, juegos de mesa y por supuesto conversaciones cara a cara). Un besazo amiga

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    • lachicadelquinto dijo:

      Exacto,un uso responsable y con coherencia de las tecnologías solo nos puede aportar cosas positivas, el problema está cuando ese uso no tan responsable se nos va de las manos.
      Un beso enorme Irache, GRACIAS por estas siempre ahí

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