La vida en el campo, la vida mejor

Hace una par de semanas conocí la historia de una encantadora pareja que había dejado todo – trabajo, casa y ciudad – para marcharse a vivir a un pequeño pueblo perdido de la sierra madrileña. Allí, lejos del mundanal ruido, como suele decirse en estos casos, habían montado un pequeño bar – el único en el pueblo – que abría de jueves a domingo para deleite y disfrute de sus vecinos que aprovechaban los fines de semana para reunirse a tomar el aperitivo, charlar y encontrarse ahora que el frío les hace mantenerse a refugio más tiempo del que quisieran.

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El caso es que, entre unas copas de vino, invadidos de ese ambiente campestre, rural y, hasta bucólico, me preguntaron si sería capaz de hacer algo así. Dejarlo todo para vivir en el campo, en un pueblo rodeada de naturaleza y alejada de cualquier atisbo de civilización. Siendo sincera os diré que no pensé demasiado la respuesta, aunque sé que si esta misma pregunta me la hubieran hecho hace unos años, mi respuesta, acompañada de una buena carcajada, hubiera sido un “ni de broma”  pero aquel día y hoy, con mis recién estrenados 34, más segura que nunca de lo que quiero respondí que es algo que no descartaría, en absoluto. De hecho, es algo que me plantearía.

A ver…me encanta mi casa, me apasiona mi entorno y adoro mi ciudad, sí, pero también es verdad que no dejo de valorar cada vez más ese tipo de vida mucho más relajado o, como me gusta decir, mucho más lento. Y es que valorando el hecho de vivir lejos y con menos facilidades, lo primero que pensamos es en todo lo que perdemos y dejamos y rara es la vez en que nos fijamos en todas las cosas buenas que puede aportarnos.

Porque la vida en el campo puede – y debe – ser la vida mejor:

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Porque lo natural es el nuevo lujo, lo verde está más de moda que nunca y los repobladores llegan con más fuerza que nunca a las áreas rurales. Cada vez somos más los que apreciamos y valoramos huir de la ciudad y envolverte en un remanso de paz y tranquilidad que sólo el campo puede darte. Un paseo en bici o caminando, coger moras para hacer mermelada casera, disfrutar de una tarde de sol cerca del pantano, tener tu propio huerto ecológico…Pocas cosas pueden superar esto.

Porque, al despertarte, lo único y primero que puedes ver desde las ventanas son árboles y plantas. Y esto, no me lo podeís negar, es empezar el día de otra manera. Se llama calidad de vida.

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Y escuchar el sonido natural de los pájaros como melodía de fondo mientrás lees o escribes es el mejor plan para un sábado por la tarde de otoño.

Porque una casa en el pueblo es el mejor lugar para formar los recuerdos de tu infancia.

Porque me apasionan las vigas de madera, las chimeneas, cualquier artilugio antiguo, las iglesias semiderruidas, los ramos de olivo, las flores silvestres, los pinares, las lagunas, los caminos a cualquier otra parte…yo que sé…Como la belleza natural, no hay nada.

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Porque supongo que cuando uno decide hacer lo que realmente quiere o le apetece sobran las razones. Se hace y punto. Y me imagino que eso mismo debió pensar aquella pareja de mediana edad que nos sonreía mientras pediamos otra ronda. Que lo dejó todo para cumplir un sueño, para iniciar una etapa, para empezar a respirar un aire mucho más puro.

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10 comentarios en “La vida en el campo, la vida mejor

  1. La cesta de mi Bici dijo:

    Precioso Bea!! Nosotros no hicimos un cambio tan radical, pero si que cambiamos la gran ciudad por nuestro pueblito bueno. El cambio nos ha encantado, porque hemos vuelto a nuestros orígenes y con los nuestros. Porque tenemos todos los servicios, pero a la vez estamos rodeados de naturaleza viva y original… Amiga! Vente a conocer esto y nos tomamos ese café… Un besote.

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  2. thereddoor dijo:

    Bea, ¡qué maravilla de post y qué cierto! Cada vez siento más eso, que corremos, que nos perdemos algo, que la vida “lenta” que dices nos salvaría de mucho aunque dé vértigo el cambio, claro. Preciosas tus fotos, la reflexión y ¡que viva el campo y la buena vida!
    Un besito fuerte (¡y feliz cumple!)😘

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  3. Miss Poessía dijo:

    Me encanta el ambiente de paz y de calma que me ha invadido tras leer este post, Bea. Como bien escribes, pocas cosas pueden igualar la sensación de vivir en el campo. Despertarse con el sonido de los pájaros cantando y el viento en los árboles, ir al huerto a recoger verduras para hacer la comida, tumbarse a leer al sol, ver atardecer en el campo, tomar una taza de café mientras afuera llueve en el bosque… Todo eso son sensaciones magníficas que la rutina y las prisas de la ciudad nunca podrán igualar.

    Me he sentido muy identificada porque ahora mismo estoy viviendo de Erasmus en Grenoble y a veces echo de menos la tranquilidad de la playa, del jardín y de los árboles de mi casa en Canarias. Eso no quita que vivir en una ciudad tenga muchas ventajas, pero a veces necesitamos parar y desconectar un poco de todas las prisas para volver a encontrarse a una misma en la risa y la paz del campo.

    ¡Un fuerte abrazo! 🙂

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    • lachicadelquinto dijo:

      Cada vez valoro más eso que llaman “calidad de vida”, eso que perdemos con las prisas, el estrés y los atascos….No nos damos cuenta de todo lo que ganamos cuando dejamos de lado todo eso, ¿verdad?
      ¡Un beso!

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