Siento la espera

No puedo decir que mi ausencia durante estas semanas – un mes para ser exacta – del blog haya sido producto de la casualidad porque no es verdad. Lo hice de forma intencionada y sabiendo que necesitaba unos días lejos de la pantalla, no para olvidarme de ella, ni mucho menos, sí para seguir pensando en historias que contar. Aun así, siento la espera. El caso es que hace unos días decidí volver a retomar mi cita con La Chica del Quinto, coger el ordenador y empezar a dibujar con palabras mi post de vuelta…Y esto es lo que ha salido.

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Este mes ha dado para mucho, muchísimo, lo que me hace pensar que no quiero bajar el ritmo de actividad durante este recién estrenado año.

Antes de decir adiós de forma definitiva al 2017 celebramos el cumpleaños de uno de mis mejores amigos como siempre y los de siempre, os diré que es una de las celebraciones más esperadas del año y nunca defrauda, esta vez tampoco. Las risas y los reecuentros hicieron el resto. Pasé una de nochevieja relajada, tomando conciencia de lo que dejaba atrás y de lo mucho que me apetecía lo nuevo, fuera lo que fuese y llegara cuando llegase. Tomé las 12 uvas sin atragantarme y esto, queridos, es todo un logro. El día de Reyes recibí uno de los regalos más emotivos que me han hecho jamás: la primera edición de mi libro favorito – creo que no hace falta que lo repita pero por si hay algún despistado en la sala os diré que se trata de Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides – . Comí roscón – siempre sin nata -, brindé una y mil veces por mi y por todos los mios, hice dos regalos en forma de jamón que se traducen en un agradecimiento eterno y observé de frente la magia de la suerte.

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He viajado hasta Nueva York por tercera vez en cinco años, un viaje que tenía un motivo muy concreto. Había que hacerlo y punto. La Gran Manzana, como siempre, espectacular. Allí he probado la mejor pizza de queso del mundo – en la zona de Dumbo, otro día os digo el lugar exacto porque no es conocido y lo encontramos de casualidad, como todas las cosas que merecen la pena – , he comido hamburguesas hasta no querer probarlas en bastante tiempo, he bebido Budweiser sin que me pidieran mi I.D. – ¡milagro! -, he animado a los Patriots en un auténtico bar repleto de americanos como si de la peli Un domingo cualquiera se tratase, he hecho algunas compras, he vuelto a rendirme ante la siempre llamativa y ruidosa Times Square, me he perdido en el metro y he vuelto a desayunar bagels con crema de queso. También me dio tiempo a probar – por fin – los famosos lobster rolls y he de decir que me encantaron. Crucé el puente de Brooklyn de día y de noche, me senté al sol en Central Park a contemplar eso que llaman vida… Paseé por el Soho como si fuera la primera vez y viví uno de los momentos que, con total seguridad, será imborrable para mi: ver en concierto a The Killers en el Madison Square Garden. Sin palabras. Volver a cantar a pleno pulmón Mr. Brightside y ver como el estadio se venía abajo es una experiencia que será eterna, sin duda. He podido comprobar porqué dicen que Nueva York es la ciudad que nunca duerme, hasta a mi me costaba conciliar el sueño…Entré en su Biblioteca y soñé con los ojos abiertos, subí al Top of the Rock y me dejé hipnotizar por sus vistas, volví a esa tienda rara que tanto le gusta a mi marido y paseé sin miedo por barrios alejados de turistas y curiosos. De vuelta conocimos a una pareja simpatiquísima de Asturias que nos hizo más agradable las largas horas de espera en el aeropuerto. Hablamos como si nos conocieramos de toda la vida y ese tipo de sensaciones son, simplemente, especiales. Puedo decir sin temor a equivocarme que viví Nueva York de una manera distinta a las otras veces, sin prisas, sin programaciones, sin horarios y con más ilusión que nunca. Nueva York, gracias por tanto, nos volveremos a ver…de eso estoy segura.

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Ya de regreso en España tocaba retomar la rutina: volver a mis clases de yoga – ¡cómo las he echado de menos! -, cocinar sin prisas y engancharme a alguna serie, la elegida ha sido The Crown y, de momento, me está encantando. También he decidido darle una segunda -o tercera- oportunidad a El Guardián entre el Centeno de J.D. Salinger que, muy a mi pesar, se me resiste demasiado. Ponerme al día en general y estar de vuelta en particular.

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Y ahora que me doy cuenta, creo que estoy a muy pocas palabras de cruzar el límite de lo soportable para que este post pueda ser leído sin llegar al aburrimiento más extremo. Por eso, y sientiéndolo mucho, me despido hasta la próxima, prometo no tardar demasiado. ¿Me esperais?

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10 comentarios en “Siento la espera

  1. Miss Poessía dijo:

    Yo no creo que el pos llegue al aburrimiento más extremo jaja. Al contrario, me ha parecido muy interesante y he disfrutado leyéndote. Me alegro mucho de tu vuelta, ya se te echaba de menos por aquí 🙂 Nunca he ido a Nueva York, pero tras leer tus palabras, me han dado unas ganas increíbles. Viajar siempre inspira y a veces es genial eso de tomarse un mes de desconexión para volver a conectar con una misma. Bienvenida de nuevo, este mundillo de WordPress no es lo mismo sin ti.

    ¡Un abrazo! ❤

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  2. Entre suspiros y un café dijo:

    ¡Qué alegría volver a leerte querida! Y leer de Nueva York… Planeo ir para allá este verano, ya te preguntaré sobre esos rincones no conocidos, que acaban siendo los mejores.

    Entre tú y yo, a mí no me gustó El guardián entre el centeno,y soy fanática de la lectura… si se te resiste, puede que no sea tu libro 😉

    ¡Un beso enorme guapa!

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    • lachicadelquinto dijo:

      ¡Oh! ¡Te encantará NY, estoy segura! Y no dudes en preguntarme lo que necesites, ¡yo encantada!

      Terminaré el libro (no me gusta dejarlos a medias) aunque, sin duda, no es mi libro 😉

      ¡Un beso muy grande! Y gracias por el comentario

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  3. La cesta de mi Bici dijo:

    Te estaba esperando como agua de mayo, amiga. Y eso que no me puedo asomar todo lo que me gustaría a esta ventana. Por eso, es algo tan especial para mi, porque cuando lo hago es un rato para mi, para ponerme al día y disfrutar con un buen café de tus palabras. Un comienzo de año increíble. Esa experiencia new yorkina, me ha dejado los dientes muy largos y con muchas, muchísimas de volver. Este año seguro que esta lleno de brindis. Un besazo enorme Bea.

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