Te sentí. Aquí. Conmigo.

Fue hace un par de semanas, quizás algo más, no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es que era temprano y me disponía a comenzar el día como siempre, dichosa rutina. Tocaba lo de todas las mañanas, las acciones casi mecanizadas, los gestos memorizados,todo hacía pensar que sería un día como otro cualquiera, uno más que tachar en el calendario. Fue justo al disponerme a entrar en la ducha para despejar mi pereza, cuando sentí un enorme escalofrío que me dejo paralizada por unos segundos. Sentí que estabas conmigo, después de tantos años, que seguías a mi lado, a nuestro lado, que nos mirabas y que observabas nuestras idas y venidas desde aquel lugar desconocido por todos nosotros.

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Te sentí cerca.

Te sentí aquí.

Te sentí. Conmigo.

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Por mis likes no me conocerás

Mucho habréis leído, comentado e, incluso, vivido sobre esto de la era del like, estoy segura. Una nueva forma de interactuar se nos impuso hace algunos años llegándose a convertir en un lenguaje, una novedosa manera de comunicarnos con el resto de personas, también de una forma mucho más superficial, todo sea dicho. Las protagonistas de tal revolución digital, las redes sociales: Facebook, Twitter, Youtube o Instagram nos presentaban ese “pulgar arriba o abajo” tan decisorio y determinante como ya lo hacían los anfiteatros de la Antigua Roma. O me gustas o no. Todo bien o todo mal. Ese constante devaneo entre el sí y el no.

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Y tú, ¿qué tipo de persona eres?

Hace unos días afirmaba de una forma convincente y rotunda que soy de esas personas que hablan más bien poco. Siempre he sido un niña callada y algo tímida, por eso me gustaba escuchar y, sobre todo, observar. Resulta que este gusto tan…¿particular? me ha ido acompañando durante toda la vida de una forma u otra. Sí, no me vayan a malinterpretar pero, a veces, me sorprendo observando a las personas e imagino cómo serán: sus gestos, sus movimientos espontáneos y naturales, sus palabras y hasta su forma de moverse. Todo esto habla mucho más de nosotros de lo que creemos. He aprendido que son estos gestos los que dibujan la personalidad de uno mismo, los que hablan sin palabras, los que ofrecen un pequeño resumen de una persona casi sin conocerla previamente. Ese lenguaje no verbal tan determinante del que se llenan capítulos en las clases de psicología y en los libros de autoayuda.

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